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20 de enero de 2012

De lo irreemplazable

Pensar en que puede existir otra yo, en otra parte del mundo o en la ciudad del frente, me aterra. El hecho de ser simplemente: reemplazable, me aterra. Y no me refiero a si los marcianos llegan bailando cha cha cha ha cambiarnos por malévolos robots del espacio... me refiero a la necesidad humana de trascender en el tiempo y en la historia. Aunque sabemos (y lo tengo super claro), que existen innumerables y desconocidas veces en las que somos comparados con otras personas, a pesar de ser un hecho muy cotidiano, molesta torpemente en el orgullo.
Quizás hay otra yo o algo parecido a la vuelta de la esquina, quizás sea una versión mejor de mi; menos complicada, enrollada, orgullosa, menos desordenada, estresada, llorona y mas pelo lais, conversadora, cariñosa, y hasta que cante lindo y toque piano. Pero a pesar de ser consciente o inconscientemente comparada con muchas otras mujeres, me resisto a pensar que la gente está de paso y se va sin penas ni glorias del mundo, siempre dejamos algo, una huella ínfima en el universo finito. Puede que no nos ganemos un novel de la paz, ni el premio nacional de ciencias, ni seamos presidentes de un país, pero hay gente que sin querer agradece tu presencia en el mundo. Puede que los otros se olviden de la importancia de tu existencia (que puede ser mínima), pero tan solo siendo tú en el mundo del otro, dejas una huella por la eternidad.
¿Cómo afirmo ésto?, (que hasta puede estar mal explicado) no lo afirmo... solo es una intuición.
Un ejemplo de la vida real (pero con modificaciones para que no sea relacionado con ningún hecho de mi vida que provoque conflicto xD):
"Viste una foto antiiiiiguaaa de hace 2 años, había sido tomada cuando admirabas un cuadro que estaba pegado en la pared, tenías una mirada sonriente, con la cabeza inclinada a la derecha, y bastante ternura en la mirada (lo que es raro para ser solo un cuadro), tomaste tu brazo derecho con la mano contraria, para que los demás no notaran tu interés en el cuadro y para ocultar cierto grado de nerviosismo, luego esbozaste una sonrisa sincera.
Años después había otra foto, más reciente, donde estabas sentada en una banca mirando una flor, la misma mirada, la misma inclinación lateral derecha de tu cabeza, la misma mano incómoda que no sabías donde dejar para disimular tu nerviosismo, la misma boba sonrisa de encanto y un brillo en los ojos que te acusaban. Luego, el deseo de guardar la flor en un macetero y llevarla por siempre a tu casa.
La conducta surgió del cuadro, que guardaste inconsciente en tu memoria, por lo tanto el cuadro sería como el precursor de tu respuesta, pero en la última foto ya no quieres el cuadro, quieres la flor que se asolea bajo el sol y a pesar de ser cosas completamente diferentes te generan la mismas mismas emociones... así es, las 2 fotos te delataron, no lo puedes negar. El cuadro y la flor a pesar de no ser personas, emocionalmente trascienden en tu vida."
(he ahí la explicación de trascendencia de las cosas importantes después de tanta metáfora).

Muchas veces me arrepiento de ser yo, pero otras tantas recuerdo que si no fuera yo, simplemente no hay robot genéticamente recombinado que pudiera hacerse pasar por este conjunto de células andantes que se hace éstas preguntas en una noche de estudio, este paquete de células ordenadas que detendría su camino solo para darte un consejo si se lo pides. Creo que somos irreemplazables, porque almaceno cuadros y flores irreemplazables en mi memoria.

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