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26 de diciembre de 2011

A propósito de una canción

Iba sentada en el colectivo, pensando en la inmortalidad del cangrejo.

De pronto suena una canción en el reproductor, como para avivar los pensamientos reiterativos sobre lo complicado del mundo, esos pensamientos que ya se retorcían en mi mente innecesariamente.
La canción habla de la importancia de un simple faro mientras el autor estaba perdido en las playas de Cabo Polonio (si, mi cantante favorito para variar). Un faro que guía con su luz a cuanto barco esté por los alrededores, pero en este caso, también ayudaría al autor a llegar de regreso a su casa.

¿Qué es lo importante de un faro?, ¿Importa su luz? ¿Importa su insistente forma de girar?

Lo que importa no es lo que hace por brillar, sino lo que es capaz de evitar; Los irremediables y temibles 12 segundos de oscuridad...

De pronto baja la melancolía, como si esos segundos de oscuridad estuvieran más cerca de lo que pienso, y no me resultara fácil encontrar el faro para llegar a un puerto seguro.
Puede ser que no tenga la intención de llegar a un puerto seguro, que solo el camino basta. Pero no basta caminar en la oscuridad.

No sé aún cual es la idea concreta de buscarle un significado místico a cada canción que escucho, pero esas son las desproporcionadas señales que me llegan del universo.

17 de diciembre de 2011

Cuando la Navidad se acercaba

En el momento que intentaba escribir esto, varias cosas pasaron por mi mente y la inspiración migró en varias oportunidades. A pesar de no poder concentrarme, necesitaba impregnar la idea en algún sitio visible.
La conversación que se dio en aquel momento resultaba ideal para un texto navideño.

Advierto que el siguiente contenido muestra cuestionamientos específicos y directos a la existencia de un tal Santa Claus/Viejito Pascuero/Papa Noel y puede ofender susceptibilidades de los lectores creyentes en tal personaje.

*(Los diálogos han sido modificados para proteger la identidad de los protagonistas, y además porque tengo mala memoria, pero la idea era la misma.)

Lugar donde se desarrollan los siguientes comentarios: Da lo mismo.
Contexto: A propósito de la cercanía de la navidad y la necesidad de armar el árbol de navidad.

Una persona comienza su relato con una voz desilusionada, y con cierta  resignación: -No me gusta armar el árbol de navidad... cuando chica, me cargaba el viejito pascuero. Lo encontraba taaaan falso!. En el trabajo de mi papá, cuando se celebraba la navidad me chocaba ver al caballero gordo con gorro y chaqueta ... sudaba la gota gorda!,...porque acá hace calor!. Además eso de "adornar los árboles con algódon para que pareciera nieve"... ¡¡si acá no hay nieve!!, a menos que sea Puerto Montt.... Así que siempre supe que era falso-

Al meditar sobre la primera afirmación sobre el árbol de navidad, alguien contesta: -¿¿Pero cómo no vas a armar el árbol!?? A mi me encanta armar el árbol de navidad cantando villancicos y chocolate caliente! "-

Otra persona casi como en introspección recuerda un hecho ocurrido hace un par de día: -"Mi papá me contó que cuando era chica pasó algo muy tierno en la navidad; en una celebración navideña con familiares, estábamos conversando entre los niños de la casa y yo les decía que si existía el viejito pascuero con una fuerte convicción. Y al preguntar porque estaba tan segura, respondí -Porque con lo que gana mi papá, no me podrían hacer estos regalos-"

Creer.
No creer.
Dejar de creer.
El pensamiento infantil que se transforma progresivamente en uno más realista, perdiendo la fantasía de creer en lo mágico.

Médicos Sin Fronteras