Luego de una salida victoriosa de los exámenes de la semana puedo proceder con tranquilidad a contar lo que pasó ese fin de semana flash en Santiago City.
Estaba dejándome estar, oyendo el tiempo caer en los relojes de arena. Mirando un instante partir y otro llegar, pensando en [...no, creo que no cantó esta canción]. En un día extrañamente frío para ser casi primavera, llegué a Santiago con el espíritu calculador de horario que me permitiera cumplir todas las metas anexas del viaje aparte de ir al concierto. Meta 1 comprar un encargo que necesitaba (cumplida). Meta 2 comer sushi con dos buenas amigas; que aunque no fue así resultó en una modificación con incluiría karaoke, un buen mesero y un espectacular jugo de frutilla (sí, jugo! aunque no me crean). Meta 3 pasar al Starbuks y comprar cualquier cosa que tuviera menta, la mejor de las esencias (cumplida).
En el concierto comenzaba a las 9, pero la bendita propaganda decía a las 8, así que nada más inteligente que llegar a las 7 para enfermarme más de lo que ya estaba. Al final, los asientos estaban numerados así que fue una tontera de fanática loca, el llegar temprano. Pero cuando comenzó todo parecía un sueño, intoxicada con ibuprofeno para que no me doliera la garganta por mi faringitis primaveral, pude cantar todas las canciones completas (o en unas pocas, el coro y alguna estrofa). No pude evitar darme cuenta del lenguaje médico residual que queda en Drexler "cantidad de miembros superiores humanos que caben en el vibráfono" (así se llama el instrumento??) o los Tres mil millones de mis latidos en el corazón (quién calcula estas cosas...), ésto me recuerdan que no somos más que una gota de luz, una estrella fugaz una chispa tan solo en la edad del cielo. Y me dí cuenta que amaba más la trama que el desenlace, una mezcla de música e instrumentos, con la simplicidad encantadora de Drexler (es verdad, la descripción es completamente subjetiva) con muchas bromas, cómplice con un público que lo adoraba y chasqueaba los dedos como si fueran palmas (ésto a pedido del mismo Jorge). Nos recordó que la primavera había llegado, que las macetas se llenaron de brotes hace unos pocos días. Y el público le mencionó con emotividad tantos hechos polémicos en estos meses; huelga mapuche, terremoto, mineros atrapados) luego cantó para el país unos versos escritos luego del terremoto que dicen así:
Quién en Chile un día vibró
cuando Chile tiembla.
Llena sus ojos de niebla
si oye que Chile lloró.
Quién en Chile un día vibró.
Y aunque no pueda empezar siquiera a imaginar el miedo
y el dolor,
al menos puedo abrir mi pecho y cantar
la única forma en que yo sé
acompañar.
Quien en Chile un día vibró
Cuando Chile tiembla.
Llena sus ojos de niebla
si oye que Chile lloró.
Quien en Chile un día vibró.
La pena siempre será la pena
pero al menos
menos que más
la pena que se cantó.
Con tranquilidad puedo finalizar como él lo hizo.
Ya estoy en la mitad de esta carretera, tantas encrucijadas quedan detrás. Ya está en el aire girando mi moneda y (desde ahora en adelante) que sea lo que sea.
El público se abalanzó hacia el borde del escenario, mientras Drexler con una sonrisa se despidió de Chile. De vuelta del viaje llegué con las endorfinas por las nubes, trasmitiendo como máquina programada. Creyendo poder morir en paz.
2 de octubre de 2010
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