Porque el tiempo es relativo, el lunes pasado será el nº1 del camino.
Fue un día bastante largo, lleno de nuevos acontecimientos aislados que completarían un cuadro en mosaico; vi a un viejo amigo de otra ciudad, acompañé a otro amigo en un difícil momento, fui con mi mejor amiga y su mamá a una sesión de meditación. Ella me prestó un libro que llenó mi cabeza de conocimiento, o más bien, desechó viejos conceptos.
Jamás me había decidido tan fehacientemente a realizar meditación fuera del contexto “taller electivo” en la Universidad.
Lección nº1 de la meditación del lunes. Amor se compone de cuatro palabras (y mejor lo escribo antes que se olvide): Cuidado, Respeto, Responsabilidad, Conocimiento. Ese día, meditamos en el chakra del cuello, o la garganta. El profesor nos recalcaba a mi y mi amiga, su relación con la glándula tiroides, ya que nuestra relación estrecha con el mundo de la medicina nos hacía parecer incrédulas. Debo reconocer que cuando entré a la sala me sentí muy fuera de lugar, habían solo personas adultas y un par de chicos de nuestra edad que sabían los pasos de memoria.
En fin, no puedo decir que fue mi mejor sesión de meditación, porque la mente lógica me traicionaba, así que la concentración se perdía cada vez que podía y mi espalda no resultaba ser tan resistente a la inmovilidad de 25 minutos como yo pensaba.
Tampoco puedo decir que tengo mucha experiencia, me reconozco como una completa PRINCIPIANTE, pero paso a paso algo mejoraré con el tiempo.
Sobre el libro que desterró un par de prejuicios occidentales sobre la vida y la muerte fue: Lazos de Amor de Brian Weiss. Y pueden pensar que es un nombre bastante melodramático, lo primero que se viene a la mente es alguna novela rosa o algo parecido. Pero no lo es. En el siguiente post, les comento que pasó en mi cabeza luego de leer esa mezcolanza de hechos que parecían bastante reales.
21 de julio de 2010
De meditaciones y aprendizajes
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